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| Foto: Daniel Aguilera |
…y
es que la electrónica machacona y sincopada saturada de sintetizadores, cajas
de ritmo y efectos, junto a la eléctrica y orgánica guitarra y bajo… ¡lo son!
Música urbana contemporánea con letras inteligentes y mordaces que muestran con
una mirada sagaz a la vez que divertida, al ser humano que chapotea con miedo
como especie abocada a la extinción. Ironía afilada con un punto de cinismo
interpretativo en la voz de Gonzalo rompiendo los límites con su acelerado
ímpetu minimalista… envuelta por la
ruidosa cacharrería, recurrente plancha
metálica incluida, aportada por sus
trajeados y apretujados compañeros en el reducido escenario.
Desde
la maraña maquinera y frenética, demostraron tener recorrido lanzando sonidos
ochenteros bailables «La Canción de
los Días Felices»,
experimentales «Centro
de gravedad», thecno «Modales de Araña», art-pop «A Ratos Perdidos», new-wave dislocada «M30». Más allá de «Una Rata» la canción
emblema que les situó en la escena y con la que se despidieron, y de su
aclamado nuevo himno «Hay Un Niño
Atrapado En Una Máquina»
y su irresistible ritmo -cuya base sintetizada es “clavá” al bajo de Roxette
del Dr Feelgood ¿lo conocerán?- se
expresaron radiantes y naturales dejando a un lado la etiqueta generacional
para ofrecer un concierto intenso y con mucho contenido. Van de tapados.








