Con
su inseparable sombrero y gafas negras que ocultan su ceguera, y agarrado al
hombro de su hija que le guiaba hasta el escenario, apareció el viejo bluesman,
proyectando más allá de su encanecida perilla, una enorme sonrisa, que no borró
de su rostro en toda la actuación… y es que a este hijo de las plantaciones, al
que la vida le ha dado una segunda oportunidad profesionalizándose ya entrado
en años tras toda una existencia malviviendo de la música y duros trabajos… la
gratitud se le escapa sin contención, como así fue esta noche en la que hizo
partícipe de su alegría a un público al que hizo cómplice, pues fue el de
Lousiana el que como un predicador acogió a los fieles presentes para participar
de sus historias, como si de una gran familia en intima reunión se tratara.
Eso
es lo que hizo, contar su vida unas veces explícita, otras ficcionada en
episodios revestidos de blues primitivo, soul sureño, o rítmico góspel en su
versión más contenido que exaltada, arropado
por una banda sobria y versátil que lo mismo sonaba tenue y envolvente, como
agreste y rugosa. Como el vozarrón que proyectó el enjuto protagonista, rugoso
pero a la vez acogedor, modulando las melodías según interpretara a uno u otro
personaje referido en las canciones, mientras se animaba con naturales y
genuinos movimientos de cadera y hombros, más algún balanceo y bailecito… sin
despegar los pies del suelo eso sí.
Como
los viejos bluesman del Delta, prologó las canciones con un “os voy a contar…” al micro sin
instrumentación, hasta que se incorporaban éstos, ya fueran primero unos acordes
de guitarra o unos golpes batería, introduciendo así anécdotas: «Living On A Suitcase», relacionando los extravíos de
maletas en los aeropuertos con la metáfora de vivir en constante tránsito; o contextos:
«Sharecrooper’s
son» que
escenificó agachándose para recrear la dura recolección a mano, para el hijo
del aparcero como índica el titulo. Canción tras la que cual se sentó en un
taburete para interpretar en un alarde de voz en falsete «I Can Feel Your
Pain» el momento
más íntimo hasta que Christy Johnson, su hija y corista, cantó para él «My Father’s
Keeper», con un
final arrebato de cariño mutuo. Entre ambas canciones, la algarabía sonora ya
se había desbordado con «What
Goes Around (Goes Around)» un
acelerado y festivo R&B de adictivo estribillo y coro arrollador, con la
banda espléndida, sacando lo mejor de sus instrumentos.
Su último
trabajo publicado no hace aún un mes Hallelujah!
Don’t Let Devil Fool Ya (Easy Eyes Sound), producido por su mayor mentor el
Black Keys Dan Auerbach a quien Finley cito agradecido, no apareció apenas en
el repertorio. Lo hizo de forma íntima con «Helping Hand» cantada a dúo con Christy y un oportuno «I Want a Thank
You» medio
tiempo con otro buen aporte coral para finalizar… y aunque parecía que las
luces se iban a encender en las sala, regresó igual que al principio para remar
la fiesta con «Make
Me Feel Alrigth» un
impulsivo estallido de de vibrante soul que sonó con la alborozada colaboración
del entusiasta público en los coros, y así se fue con cara de inherente
satisfacción y la misma sonrisa… más pícara si acaso.



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