La
décima edición de este pequeño festival se celebró con novedades. Cambo de
fecha: de mayo a octubre, escenario al aire libre: el incomparable marco del
Foro de los Balbos (en la esquina de la Plaza Mayor junto a la muralla
medieval) y entrada gratuita, con el añadido de la zona gastronómica y el
mercadillo alternativo. Un salto en cantidad y calidad, pero sin perder las
señas de identidad pues lo que no cambio es el espíritu familiar y artesanal de
esta imprescindible cita: espacio cómodo de amplio aforo, cercanía con las
bandas, comida y bebida a precios asumibles, propuestas locales, nacionales e
internacionales y en definitiva de lo
que se trata todo esto de pasarlo bien una excelente selección de garage, punk,
surf, psicodelia, power pop, soul, r&b, rock’n’roll... ¡Ah! y sin
patrocinios que también se puede funcionar así.
El
Viernes, caía la tarde cuando ante
un buen número de asistentes ya, aparecieron The Ruffos banda local que repasó buena parte del mejor del rock de
los 60’ y 70’ y 80’ con destacadas versiones que sonaron funkys y negroides. Comenzaron
su actuación con «Dancing in the Street» muy apropiado para dar pistoletazo de
salida al fin de semana, y a partir de ahí… el amplio canon que abarca desde os
Beatles hasta Police. Buen comienzo para ir entonarse, que a la gente se la
veía con ganas. Desde la comarca de Serena en Badajoz llegaron The Buzzos veterana banda con más de
veinte años de trayectoria que exprimió el sonidos de las eléctricas para
ofrecer una buena dosis de hard-rock cañero y contundente, pero sin olvidarse de
las melodías, apoyándose en una versátil voz y unos coros ¡muy souleros!
Dominaron los terrenos del garaje-rock y a R&Blues de riffs potentes, pisaron
el acelerador… y supieron cambiar a marchas cortas cuando el momento lo
requería. Ofrecieron una actuación muy sólida.
| Costas. Foto: Robbie Ramone |
El mayor atractivo de la noche, teniendo en cuenta el carácter gratuito del evento, era ver a Miguel Costas… tocar las canciones de Siniestro Total, la seminal banda de la que formó parte activa en sus primeros diez años como miembro fundador, compositor, guitarrista y ocasional cantante, que desde hace tiempo y con diferentes proyectos de distinto nombre, incluidos el suyo propio actual, sigue reivindicando el sonido original de la citada banda: el punk de guitaras con letras ácidas e ingeniosas con la retranca gallega. Así lo hizo en la ya cerrada noche cacereña, ante un foro que congregó a muchísimo público de distintas generaciones, que escuchó lo que Costas también quería ofrecer… su legado. Lo hizo más o menos cronológicamente con las de su repertorio protohistórico en un inicio arrollador: «Asumpta» o «Diga que le Debo», después repertorio prehistórico: «Todo por la Napia» o «Camino de la Cama» con los que se metió a los ya convencidos asistentes en el bolsillo. Se tocó un par de canciones propias que bien podrían haber sido compuestas para Siniestro en su tiempo y se acordó de Aerolíneas Federales banda de la que también fue fundador, con «Soy una Punk» con voluntaria del publico que se salió a cantarla… ¡y se la sabía entera! y «No me Beses en los Labios», para ¡cómo no! con «Bailaré sobre tu Tumba» y «Miña Terra Galega».
Todo hacía
indicar que el foro se vaciaría en la ultima actuación de la noche, pues la
siguiente propuesta distaba años luz de la anterior ¡pero no fue así! mucha
gente se quedó y otros tantos llegaron para ver a Private
Function, y
es que a los australianos les precede una ganada a pulso fama del salvajismo en
directo… como así fue de nuevo. Chris Penney, en chanclas y bermudas se pasó
toda la noche buscando un lugar donde encaramarse para lanzarse desde las
alturas, como suele hacer, pero en este escenario, ante la imposibilidad de poder lograrlo sin dañar
su integridad física se bajó directamente al empedrado a compartir su energía y
sudor abrazándose con la gente. El tipo no paro en su labor de alocado
frontman... excelentemente apoyado por las dos
intensas guitarras echando más leña al fuego y un fornido ritmo de
batería y bajo el de Milla Holland en cuyo mástil colgaba la bandera palestina.
Hubo pogos, desparrame y desmadre en las primeras filas abducidas por el
desquiciante, frenético y radical
aluvión de garage, hardcore, new wave, punk, rock psicótico, heavy,
hard-rock death-metal… en dosis aceleradas de pasión y energía a
raudales. Una buena muestra de la batidora sónica que aparece en su último
trabajo, el impronunciable – ¯\_(ツ)_/ que plasmaron en arrollador caos
escénico, pero ¡cuidado! perfectamente
controlado en la parte instrumental… un
concierto para que siga corriendo la voz con ellos.
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