Molly Hamilton y Robert Earl Thomas continúan su
común viaje emocional -son pareja sentimental- por las sendas de la armonía
elegante y distendida. Lo hacen estirando las melodías con el acompasado y
lento rasgueo de guitarra de ella, y los concisos acordes y contados punteos de
él, siempre en el momento preciso, para iluminar unas canciones que se
desperezan y avanzan entre atmosferas tenues de ensoñación liviana sobre un
impulso rítmico estrechamente ligado a las mínimas y cotidianas historias
familiares que, de forma natural aquí se cuentan desde el enfoque de un lente
nostálgica y mágica. No se alejan del tono western destemplado de su impoluto
anterior disco The Jacket aunque aquí aparece con mucha más sutileza:
agazapado entre la arena fina del rodeo. Primero dubitativo «Actor» para
galopar expectante «If You Change» y acabar encabritado «No Drive», como un
caballo que progresa tenso e inestable bajo la rienda sincopada, teclado-lazo
incluido «The Hook». Con que poco hacen tanto.

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