De la
interesante hornada que llega del este europeo con reconocimiento en occidente:
la rusa Starobinets o la moldava Ţîbuleac –anteriormente lo hicieron los rumanos
Cărtărescu y Partenie o el búlgaro Gospodínov, hay que incluir también entre
las primeras a Bužarovska, que desde Macedonia del Norte, aporta una visión de
la situación de la mujer actual desde
una perspectiva sobria, observadora e irónica.
Lo hace en esta novela a partir
del personaje que da título a la obra, un hombre de mediana edad con una
personalidad antipática, egoísta, inmadura y ridícula, que vive atrapado en la
nostalgia de un pasado que considera mejor, y es incapaz de asumir
responsabilidades afectivas, y de adaptarse a los cambios que experimentan
tanto su entorno como él mismo. La
autora lo describe exponiendo sus contradicciones y limitaciones sin
necesidad de aportar un juicio ético sobre el mismo.
De esta manera quien se
adentre en sus casi 250 páginas, reconocerá una más que evidente crítica social
y un contundente alegato contra los privilegios masculinos y su resistencia a
los cambios. Narrado con fluidez consigue transformar una historia cotidiana en
una reflexión sobre las relaciones humanas, la identidad y el fracaso, mostrado
bajo
una máscara que oculta envidias, rencores y apariencias.

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