Buen
ambiente, aunque el reclamo del trigésimo aniversario de Magnolia no logró completar el amplio aforo de la discoteca
ubicada en el ático la estación de Chamartín. Las primeras filas fueron de
fácil acceso y la gente pudo moverse sin dificultad, cambiando de sitio o yendo
a por las preceptivas cervezas. Puntualísimos, Mike Farrris y los suyos aparecieron
en el espacioso escenario para ofrecer el primer tramo del set previsto en dos
partes: las canciones del citado disco que sonaron desde el principio frías, no
por la pasión que le puso desde el inicio su entregado cantante, sino por la holgura
de la sala. El sonido fue impecable, especialmente en sus guitarras, pero le faltó cercanía, sobre todo a la
batería. Igual un recinto algo más reducido y acogedor hubiera propiciado un
ambiente más cálido... y eso que Farris estuvo amigable y cercano, haciendo
divertidos comentarios sobre inmensa bola de espejos que presidía la
sala, y es que sl hilo de la misma se puso a canturrear a capela y en falsete
los estribillos del «I Was Made For Lovin' You» de Kiss y el «I Will Survive» de
Gloria Gaynor… momento divertido.
Aunque
el público, con su entusiasmo, también se encargó de calentar el ambiente, moviéndose
desde los primeros acordes de «Backwoods Travellers» con su creciente cadencia
rítmica, y el embrujo emocionante de «Gypsi Lullaby» con Rick White y su
guitarra, elevado la canción con su sus limpios e inspirados punteos de
guitarra, al igual que «Hello From Venus»… y es que las canciones ibas cayendo
según el orden del disco. Brillaron y sonaron muy rockeras «I Found Love» y
«Magnolia» gracias al buen hacer de una banda que se situó en segundo plano, al
servicio de las canciones y de su líder… hasta llegar a la soulera «You Are»
con la que finalizó, tras una hora y cuarto, la primera parte.
Tras
breve descanso, aparecieron de nuevo para afrontar una segunda parte en la que
repasaron el resto de su no muy dilatada discografía. Farris siguió conectando
con el público, entre sinceros agradecimientos y recordando anteriores
visitas, alguna ya lejana; y entre que
metieron una marcha más, y que los asistentes ya iban con más alcohol, la “sensación”
de sudoroso garito se apropió del lugar, sostenido por lo más importante, un
cancionero mayúsculo con el que los asistentes no dejaron ya, brazos en alto, de
acompañarles coreando sus estribillos en la rítmica y correosa «Shakin The
Blues», el intenso hard-blues «Majestic» y la traca final con la muy vacilona y
bailable «Boogie King» y la entusiasta y stoniana «Ride The Tide» con sus coros
simpatizando con el diablo, despidiéndose después de dos horas totales de
actuación. Por lo visto había más canciones previstas y en actuaciones
anteriores se alargaron por más tiempo… cuestión de horarios.



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