13 octubre 2026

MERCURY REV (7-10-26) Changó Madrid. Publicado en la web Rock and Roll Army

Foto: Joe Herrero

La última visita a la capital de la banda de Buffalo tuvo lugar hace ocho años, lo hicieron para celebrar el entonces vigésimo aniversario de la publicación de Desert Songs piedra angular en su discografía al igual que el siguiente All is Dream con el que regresan para hacer lo propio: conmemorar en este caso su veinticinco cumpleaños. Dos conciertos separados en el tiempo y lejos uno del otro en cuanto a concepto y formato. Si en el primero, la puesta en escena era sobria e íntima como requería el recinto en el que se celebró, el vetusto y entrañable Teatro Lara con el público sentado -memorable y mágica actuación aún recordada- , en esta segundo, en sala con el público de pie, se desarrolló por diferentes cauces y aunque no alcanzó lo sublime, si hubo momentos excelsos de emoción colectiva.
 
No solo el escenario, también el planeamiento fue diferente. Si en aquel, simplemente un teclado dos guitarras más otra acústica bastaron para hechizar al personal; en éste, dos teclados centrados en la parte trasera del escenario, flaqueados por una batería y la guitarra de Grasshopper con el maestro de ceremonias Donahue entre ellos, fueron las armas sonoras con las que embaucaron al público. Otra diferencia es que no tocaron el repertorio al completo del disco a celebrar, como si hicieron con el correspondiente a su anterior visita, algo que no se echó de menos pues las canciones de Desert Songs pueden mantener una actuación por sí mismo, pero no tanto All is Drem por lo que ambos trabajos junto al aún reciente Born Horses (Bella Union 2024) fueron principales protagonistas.
 
Con un aluvión de icónica imaginería pop proyectándose en pantalla, apareció la figura del Donahue, con sus habituales movimientos y gestos vampíricos, para afrontar un primer tramo de actuación, con reconocibles e infalibles melodías: “The Funny Bird”, “Hercules” o “Lincoln‘s Eyes que no acabaron de despegar. La voz no terminaba de elevarse y la punteada guitarra, muy contenida durante toda la actuación, no se distinguía demasiado de los teclados, que junto a la batería fueron los protagonistas. El izquierdo acolchando atmósferas y el derecho coloreando melodías que funcionaron muy bien como contrapunto a la contundencia rítmica del bombo, no hizo falta bajo.
 
Foto: Joe Herrero
 
Las tormentosas y ruidosas distorsiones de guitarra no aparecieron esta noche, quedando relegadas al secundario  y noble oficio del arreglo… pero la monotonía se rompió y la voz se entonó con “She Cracker” versión de los Modern Lovers de Jonathan Richman, no muy reconocible con ese tempo tan mercury, sonando más cerca de la Velvet. También “Dream of Toung Girl as a Flower” ayudó a animar los solícitos espíritus, con la batería atronando compacta y los teclados como trascendental capa atmosférica amortiguando los golpes.
 
Se acordaron de sus pasadas visitas: las del Aqualung a principio de siglo, cerrada hace años y que precisamente un par de días antes había sido derribado el centro comercial que lo albergaba y Donahue más suelto. empezó a conectar con su palabras y con su interpretación que jugaba en poses según la iluminación azulada y rojiza del escenario, mientras distintas imágenes se sucedían en pantalla como si de un onírico cuento se tratara en el que se sucedían esotéricos capítulos “Tides of the Moon” que sonó misteriosa y dulce con Donahue jugueteando con una trompeta  de dibujo animado, la aclamada “Goodess on Hiway” eufórica y nostálgica” “Holes” oscura y redentora, y “Darkness is Rissing” embaucadora y agridulce. Extendidas estás últimas de forma generosa  para alcanzar la hora y media de lírico hedonismo… una vez más en les espacio que sea y con los instrumentos que sean.

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