Este
no es un festival al uso, pues en realidad son cuatro conciertos completos por
día, todos ellos de hora y media de duración, que comparten el mismo escenario con
media hora de separación en la que los pinchadiscos ocupan el mismo, mientras
se prepara la siguiente actuación. Por tanto hay dos tipos de público, el que
se presenta para ver a una o dos de sus bandas favoritas principalmente y el
que acude a la llamada por el cartel en su conjunto, que como es habitual
apuesta por nombres de éxito más o menos reconocido, aunque de estilos muy
diferentes, de las décadas 80’ y 90’ este año dominado por las bandas
británicas. Con dicha formula la presencia de bastante público ya desde el
inicio a las 18;30 estaba garantizada . Las guitarras y melodías mandan ¡eso
sí! en sus diferentes propuestas: rock alternativo, pop, punk, garaje… aquí no
hay propuestas emergentes, arriesgadas,
experimentales o nuevas escenas, y la actualidad queda circunscrita a
unas bandas que, aunque en directo aún tienen bastante que decir, sus discos y
canciones más celebres, forman parte de
éxitos del pasado siglo o primeros años de éste.
Abrieron la jornada del viernes los australianos Hoodoo Gurus que contaron con el “calor” de sus seguidores, aunque
gran parte del público estaba aún en las colas de acceso al cómodo recinto. Su
propuesta es más disfrutable en sala oscura y pequeña que frente a la solana
que les estaba azotando de frente, aún así y a pesar del escaso volumen, Dave
Faulkner y los suyos no se arrendaron y ofrecieron un buen repaso por sus
variadas canciones: “Tojo” sonó básico y primitivo, “Come Anytime” enérgico y
pop, como aire fresco que llegó con el sol cayendo por fin, “My Girl” y su
cadencia Loui, Loui hicieron recordar la época dorada del rock y la traca final
rockendo a la manera de los 80’ llegó con “1000 Miles Away” y el medio tiempo
“Bitterweet” para acabar garajeando de forma luminosa con “I Want You Black” y
“Like Wow – Wipe Out”. Estupenda y animosa actuación por su parte, algo diluida
por las circunstancias del entorno.
La
noche cerrada y las camisetas negras de sus seguidores, acompañaron ¡como no
podía ser menos! a New Model Army, cuyo
público mostró una entrega y fidelidad absoluta. Ceremonial que Justin Sullivan
como único miembro original supo dirigir con maestría, alejándose de la
nostalgia hacia los terrenos que cada
momento requería. Lo hizo desde el inicio, con la épica oscura y contundente de
“Echo November” y la aclamada “Here Comes The World” gran momento, sonando
trascendentes mientras rayaban los terrenos nada más y nada menos que del
progresivo y del heavy. Los británicos alteraron, a un volumen ya acorde a la
situación, algunos momentos de ritmo tribal
con medios tiempos acústicos y defendieron además material reciente ¡muy
bien recibido también por los que aún les siguen! y eso dice mucho de la banda…
pero claro al final, no faltaron los clásicos: “Vagaboond”, “The Hunt”
“Purity”… para cerrar esta celebración del sonido crudo y emocionante.
Otros
que llevan años, tanto como el punk del 77 del que ellos fueron pinoleros, son The
Dammed que ofrecieron una actuación en la que la elegancia no estuvo reñida
con la energía guitarrera en un no parar de punk-rock de tintes nuevaoleros.
Dave Vaniam sigue trabajándoselo como el que más sobre el escenario, moviéndose
con maestría por sin perder un momento su voz, lo que no es fácil si a su edad
sigue moviéndose de esa manera, junto a la guitarra del Captain Sensible que también se mantuvo
o firme y entusiasta en riffs y punteos. Consiguieron transmitir su festiva y
colorida propuesta no exenta de nervio…. daba gusto verles sobre el escenario.
Sonó una vez más “Eloise”, original de Barry Ryan, aquí conocida por la versión
de Tino Casal, tamibién “White Rabbit” el psicodélico viaje de Jefferson Airplane, más lo esperado: “Net
Net Net”, “Smash It Up” y el catalogado como primer single punk lanzado al
mercado “New Rose”. Arrolladores, aunque inmovilistas en el repertorio, cambió
poco con respecto al del Azkena 25, aunque poco importó. ¡Eso sí! por la
urgencia y espíritu de sus canciones, les hubiera ido mejor, una hora de
actuación.
Ocean Colour Scene estaban
celebrando los treinta años de su aclamado Moseley Shoals, aunque no
lo pareciera, pues apenas trocaron algo más de la mitad del citado disco y el
repertorio elegido se asemejó bastante al de anteriores visitas, un recorrido
por su discografía noventera, esa que les propulsó en el contexto del britpop
en el que los englobaron sin serlo, como un rara
avis gracias a una certera combinación de sonidos costa oeste, northern
soul y psicodelia pop, que en esta ocasión sonó de forma desigual. Comenzaron
con “The Circle” emocionante en su extraña cadencia y una menos conocida “I
Just Need Myself” electrizante y muy beat con Fowler y Cradock muy metidos en
faena, pero después… se alargaron excesivamente con melodías íntimas y medios
tiempos de perfecta factura, pero que sonaron anodinos, con lo que requería el
momento. La actuación fue desigual, pero claro, no hay nada que no levante una
colección de canciones de aúpa en el tramo final con el fibroso “Travellers
Tune”, el arrebatador ritmo trotón de “Mile Hundred High City” y la sincopada
“Riverboat Song”… ¡así no hay quien se resista! aunque prefirieron acabar
bajando revoluciones con la esplendorosa y biteliaina “The Day We Catch The
Train”




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