Drama histórico sencillo, directo y de tintes
psicológicos ambientado en la URRS de
1937 -con las purgas políticas estalinista en su máximo apogeo- que narra lo
sucedido a un joven y voluntarioso fiscal al que de manera un tanto inverosímil
le llega una carta de denuncia escrita por un preso político pidiendo justicia.
A partir de ahí la película construye un retrato implacable del funcionamiento
interno de un sistema paranoico en el que la sombra de la sospecha y el miedo a
ser denunciado es el engranaje que permite que el poder se perpetúe. Con un
guion preciso y metódico, sin trabas que
lo alejen del objetivo, la denuncia de dicho sistema de terror, la
película avanza fluida, pero con un ritmo pausado que invita a la reflexión y
refuerza la sensación de esclerosis burocrática y sensación de vigilancia
constante. Ayudan las secuencias construidas con planos largos y una puesta en
escena casi teatral que transmite la rigidez asfixiante del sistema. También la
imagen, con sus tonos apagados y sombríos refuerza la atmósfera
opresiva, casi claustrofóbica, del conjunto. Con los citados recursos se genera una sensación de aislamiento y
tensión brutal, entre larguísimos tiempos muertos, esperas y silencios para
acercarse al delirio kafkiano más que a la intriga y al suspense clásico.

