La tarde del sábado se hizo más llevadera en lo meteorológico, nubes y
claros se alternaron para recibir a The Wannadies, la banda en principio “menos
conocida”, pero que también concentró a un buen número de seguidores que
disfrutaron, otra vez a bajo volumen, de las cristalinas melodías de guitarra
enérgica y estribillos pegadizos,
aderezados en varias canciones por la melódica que aportaba un luminoso matiz al
conjunto. La banda sueca bien dirigida por su vocalista, Pär
Wiksten, tras reunirse de nuevo en 2020 después de un parón de casi veinte
años, demostró estar muy en forma y vigentes y con un repertorio efervescente y
espectacular que fue más allá de los clásicos que encadenaron en el tramo
final: “Might Be Stars”, “You And Me
Song”, “Shorty” o “Hit"
Al
igual que en la jornada anterior, aunque se colaba el ruido de las discotecas
cercanas la noche trajo consigo el sonido adecuado, y el primer momento de euforia
colectiva, que llegó con los impecables Gene
liderados por Martin Rossiter, con una voz envidiable. Se puso el traje de
teatral crooner junto a una banda que sonó nítida, como son sus canciones:
épicos himnos pop que se acercan sin cruzar la delgada línea roja del
histrionismo. Estuvieron muy presentes los vibrantes y muy presentes teclados,
de los que se encargó Mick Talbot que formó
parte de The Style Council junto
a Paul Weller. Comenzaron
con las guitarras echando chispas y tirando de clásicos “Be My Live Be My
Guide” y “Sick, Sober And Sorry” alternando algunas lentas con animosos medios
tiempos, pero hacia la mitad de la actuación las primeras se hicieron protagonistas, por lo que, los menos acérrimos
aprovecharon para descansar en la grada, pero esa es la propuesta de los
londinenses, y sus fieles lo saben. En todo caso, el cancionero, ya fuera más animado “Olimpia” o menos “For The Dead”, -sonaron
al final- es realmente notable y las melodías se disfrutaron tanto de píe como
sentado. Rescataron alguna canción olvidada “Vocie Of The Father” recordando
que hacía casi treinta años que no visitaban España y acabaron con el Don’t Let
Me Down de los Beatles.
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Gene: Foto: Luís Pérez Contreras |

Ride: Foto: Luís Pérez Contreras
Para cerrar la
jornada y el festival llegó la banda más esperada por la mayoría, que lógicamente por reconocimiento y trayectoria,
cuarenta años de carrera les avalan, fueron el mayor reclamo del evento Manic Street Preacher, y aunque con
ellos, a priori, da la sensación de que va a ser más de lo mismo -su actuación
no cambió mucho con la del pasado año en el Azkena- no pierden fuerza ni
carisma como demostraron una noche más. Se están adaptando a escenarios de
aforo medio, todo un acierto, que les mantiene anclados a tierra, algo que no
es tan normal en una banda con su bagaje y realmente fue una delicia
disfrutarlos sin tener que verlos desde pantallas aledañas al escenario. Desde
la inicial “Motorcycle Emptiness” bramaron las guitarras: compactas y voluminosas,
junto al contundente ritmo de batería, logrando un sonido muy cercano con el
que consiguieron que canciones tan sobadas que ya se hace pesado escuchar como
“Desing of Light” o “If You Tolerate This Your Children Will Be Nest” con la
que cerraran, volvieran a tener vigorosa vigencia sonora, como si se escucharan
en los 90’ por primera vez. Sabiamente y manteniendo el vínculo con el público,
no escatimaron tiempo para las versiones ¡con todo lo que tienen propio para
recrearse! y así fueron apareciendo “Bring On The Dancing Horses”, de Echo & The Bunnymen, cantada por
el bajista Nicky Wire ,
“Union City Blue” de Blondie y
«Suicide
Is Painless» de la mítica serie de los 80’M*A*S*H. También y solo con la acústica, su
cantante James Dean Bradfield tocó una
canción de su discografía en solitario “The Everlasting”, ofreciendo
mucho más que los éxitos del pasado, aunque apreciaron ¡cómo no! “You Love Us”
sonó más punk que nunca. Otra de las actuaciones a recordar para poner punto… y aparte a dos noches que van más allá de la
nostalgia retro.










