Se ha hecho
esperar el segundo disco de estudio del joven
dúo
formado por Rhian Teasdale y Hester Chambersm que tras sorprender con su disco homónimo de 2022 bajo e
miso sello discográfico, regresan tras
habérselo tomado con calma, o cuando sus actuaciones y giras se lo han
permitido. Tiempo suficiente para evolucionar desde su sonido sencillo, un tanto destartalado e
instrumentalmente básico, en el que entre miméticas guitarras y baterías se alza
impasible la voz de Rhian y los muy pegadizos coros de Hester.
En
esta nueva entrega, aunque siguen con las guitarras noventeras en su horizonte
musical “Pillow Talk” suena a Breeders, Belly, Throwing Muses… añaden elementos
menos explorados como el post-punk “Pond Song” y el electro-dance en su versión
más pop “Pokemon" o en la más maquinera “Catch these Fists”, pero se
alejan de la baja fidelidad, aportando ritmos voluminosos en la batería y riffs
de guitarra más carnosos con las que estructuran canciones más elaboradas aunque
sin perder su carácter directo y desacomplejado “Mangetout”.
Las
originarias de la isla de Wight pierden algo de frescura, pero ganan en solidez
sin perder del todo el desparpajo que emanan unas canciones que hablan del amor
y el desamor en situaciones límite a veces, planteando con extrema ironía, como
si de un juego se tratase, con la idea de la falsa realidad “CPM” siglas en
inglés de la Remoción Cardiopulmonar… y es que al dúo se le ha unido tres
nuevos miembros de forma permanente, aportando por ello un sonido más compacto,
y en el que aparecen matices más oscuros y vigorosos que les acerca en algunas
de las composiciones a la madurez, lentamente eso sí, pues parecen incluso
jugar con el oyente incluyendo fragmentos de “parodia discotequera” o “trascendental
balada pseudo-folk” como en “U and me at home”. Hay de todo en estas canciones,
pero sin salirse de la línea.

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