El anuncio de su gira hace unos meses, generó bastante entusiasmo y expectación entre el público que se mueve
por los conciertos, por eso sorprendió que no se agotaran las entradas...
incluso el tránsito por las primeras filas fue fluido, y el espacio entre
personas suficiente para disfrutar sin apreturas de la actuación ofrecida por
la artista de Memphis, que apareció bajo
una luna llena inmensa como telón de fondo (presente a lo largo de toda la
noche) y flores repartidas por el escenario, en consonancia con su colorido y
brillante vestuario.
Lo hizo en formato básico
únicamente acompañada por una eficiente base rítmica de bajo y batería, sin
arreglos, con su característico timbre de voz al frente (no del gusto de
todos), que maulló vibrante, gatuna... y vitalista, como la naturalidad con la que se expresó en
el escenario por el que se movió como si del salón de su casa se tratara:
riendo, charloteando con desparpajo o haciendo muecas divertidos ante las
adversidades (algún problema con el amplificador), gestos que la alejaron radicalmente
del divismo para mostrarse radiante y divertida,
Una
anti-diva que hizo propios los sonidos de raíz norteamericana, para llevarlo a
un particular universo en el que no hubo espacio para la pena sino para la
alegría, que comenzó recordando las raíces… más profundas, las africanas,
haciendo sonar su sofisticado banjo como si fuera una kora en “Man Done Wrong”
para a continuación y acústica en mano, presentar canciones de su estupendo
último trabajo Owl, Omend & Oracles
(Concord 2025) como “All I Really Want”, “Endless Tree” o “Joy Joy!” que sonaron
radiantes, bailables y hasta divertidas con su “yusyus” y “tarariros” alejándose
de la ortodoxia soul, pero manteniendo su esencia para instalarse en las
envolturas pop.
Entre
ellas, también del nuevo disco, sonaron en calma “Love & Let Go” y “I Am In Love” ¡cuanto amor en su canciones!
algunos echaron en falta los arreglos de piano y vientos, pero el color lo puso
ella con el desparpajo de su voz, acercándose así además a la crudeza del blues
con la que afrontó el segundo tramo de actuación, tras “Call Me A Fool” que
sonó bastante más profunda sin los arreglos orquéstales de la versión estudio.
“Life I Used To Live” de Lighnin’
Hopkins despertó al público que se lanzó con varios aullidos respondiendo a la
llamada de este arrebatado blusazo, que continuó con el no menos efectivo
“Shakedown” hasta desembocar en territotrio country con el oldie “Drink Up
& Go Home” del one-hit wonder del género Freedie Hart y al sincopado y muy
rithmanblusero Roollin’ And Tumbling (canción que
popularizó Muddy Waters) que sonó trepidante y hillbilly, tanto… ¡que acabó
rompiendo la cuerdas del banjo! para después tocar “Someboy to love” solo acompañada por un pequeño banjo de apariencia
y sonido similar.
Tras algunas canciones más, y ya en el bis, cerró el
ciclo, volviendo a las raíces, al continente africano donde empezó todo… lo
hizo vinculándolo al Mississippi en la muy sentida “Working Woman Blues” que
con la instrumentación básica reforzó a la artista no solo como conocedora del
terreno por el que se mueve, sino como difusora del mismo… a su manera, más
allá de su aparente trivialidad escénica. Ella es así, despreocupada y genuina, con la alegría por delante, como
así ocurrió en este bonito concierto
bajo una atmósfera y un sonido que hizo honor al nombre del teatro.


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