![]() |
| Foto: Cancho |
Aunque Will Oldham lleva tres décadas publicando casi compulsivamente discos, más de treinta en sus múltiples reencarnaciones como Palace en sus diversas formas (Brother, Songs, Music), a su nombre o con el actual… sus apariciones en directo por la geografía española no se cuentan en la misma proporción, sobre todo en los últimos años. Por eso se hico extraño que aún quedaras entradas en taquilla. Lo que no resultó raro es que, aunque llegó con reciente nuevo disco listo para el “mechan” The Puple Bird (No Quartet), el repertorio volara libre por su extensa discografía, y es que poco importa que sea una u otra la elegida pues, su infinito cancionero es en definitiva un canto al ánimo y al desánimo, al interior de uno mismo en relación con los que le rodean o a los dilemas morales… en “ourtsiders” que reflejan la opacidad del sueño norteamericana.
Historias
que siente como propias aunque no sean fruto de su creación, como dejó claro
empezando con una versión «Draw Something Beautiful» de la
artista india-norteamericana Ganavya y algunas viejas canciones de Palace como «West Palm Beach», en la que se
mostró muy metido en la interpretación, cantando con las manos y apoyándose en
gestos, aunque con los tonos altos aun no muy modulados, algo que solventó en
las siguientes canciones, un continuo de melodías íntimas en la primera parte
del concierto que embelesaron al público además de por su puesta en escena en
el remozado teatro, por el respetuoso silencio de los asistentes… como apuntó
Will en una de sus pocas palabras entre canciones, recordando una actuación a
mediados de los 90 en un pequeño garito de de Madrid en el que nadie le hacía
caso y todo el mundo hablaba (como el que esto escribe puede confirmar
añadiendo que el propio promotor tuvo que educadamente hablar con los
“alborotadores”) .
Anécdota
aparte, también la banda de acompañamiento tuvo mucho que ver para que las
canciones del de Kentucky trascendieran más allá del íntimo tono folk para
elevarlas a música de cámara, y es que el excelente sonido se ofrecía a ello.
Sonaba todo prístino: los finos arreglos de guitarra de Ned Oldham, cristalino sonido también el de los oportunos
y precisos arreglos de saxo y melodías de flautas de Thomas Deakin al igual que Eamon O’Leary con el
bouzuki, y la acogedora acústica de Will arpegiada sin púa… a ellos se les unió
sorpresivamente Migala la desaparecida banda de culto liderada por Abel
Hernández que en 1997 acompañó como grupo de apoyo la gira del protagonista de
la noche, y que aportó batería, bajo y acordeón para, con aire renovado
dinamizar «Disorder»,
«Antagonism» y templar «Horses» otra versión, en este caso de Sally Timms &
Jon Langford, los de The Mekons.
Sin los
aplaudidos Migala ya, el tramo final resultó más “movido” con la alegría “pop”
de «I See A Darkness» una de sus canciones más antiguas, o en una de las nuevas
que presentó -además de «London May» marchoso medio tiempo y «Bosie Idaho», más lenta- «Our Home» un estallido de fraternal
folk en el que su guitarrista se lució además un muy aplaudido
solo de clarinete… ¡pero quién dijo que Will
Oldham no era divertido? para despedirse agradecido tras noventa preciosos
minutos.


No hay comentarios:
Publicar un comentario