La perenne banda
granadina está de celebración. Siempre lo ha estado a los largo de sus más de
treinta y cinco años ininterrumpidos de
actividad que festejan con la presentación de su reciente trabajo en directo Eternamente en Vivo (Montgri) y la
pertinente gira. Con respecto al disco, se antoja imposible condensar en tan
solo doce cortes un amplio legado de unas doscientas canciones, si no más, que
han dado para mucho, teniendo en cuenta los distintos y a veces antagónicos
“palos” que ha tocada la banda, siempre bajo su inconfundible sonido, eso sí.
Se hace por
tanto imprescindible, acudir a sus directos para disfrutar del pasado y del
presente de una de las bandas más influyentes del underground de este país. Eso
es lo que ofrecieron Antonio Arias y los suyos en esta noche cercana al
invernal solsticio en la que las veintidós canciones protaginistas, bien
merecieron darle al “record” así, directas y salir disparadas al “master” para
planchar en doble vinilo.
Cancionero
de casi todas sus referencias entraron en un repertorio con especial incidencia
en su etapa inicial con la trilogía Hipnosis,
Inercia, Su que comenzó rotundo con el instrumental «Sonic Crash» para,
tras recordad a Jorge Ilegal y Robe, ir a degüello con «Lo Imprevisto», «Hipnosis» «Estratosfera», «Universal»… entre las que sorpresivamente “se coló” en su etérea y calmada cadencia «Mar de la Tranquilidad». También
apreciaron, con «La Curva de las Cosas» como nexo entre el pasado y el
presenta, las atmósferas plácidas con JJ Machuca brillando en los teclados de «Me
gustaría para mi (Las Libélulas)» o «Buenos días Hiroshima», canciones más o
menos recientes de discos conceptuales sobre Buñuel o las ciudades
bombardeadas, que fueron mejor recibidas que en su última visita a la capital el pasado año.
Se acordaron
¡cómo no! del controvertido, tanto para rockeros como para flamencos del morentiano
Omega «Niña ahogada en el pozo» sonó
más enérgica y eléctrica que en su versión en estudio y «Ciudad Sin Sueño» con
la que despidieron el bis inmersa en capas de ruido y distorsión con Juan
Codorniú extremando su guitarra hasta límites hertzianos imposibles… como ya
había hecho antes en el tramo final previo al bis «20 Versiones», «Conmigo
Crece El Caos», y «Strummer Lorca» (no olvidaron sus referentes), con el bajo
de Antonio uniéndose contundente en las celebradas «Nuevo Harlem» indispensable
himno, y la colosal «Celeste»… de su disco homenaje a Val del Omar que sonó…
pues eso ¡celestial!
En el bis
alguna sorpresa más «Meca-Mística» de su citado disco “trash metal
industrial” y más tralla afilada con «Satelite»,
«El Signo de losTiempo» y «Esa Extraña
Inercia (Anfetamina)» con la banda y el
público en pleno éxtasis . En definitiva otra noche más de vorágine eléctrica,
en la que no estuvo Erik a la batería, sino David Fernández, otro puntual
lagartjero, entre homenajes propios y
ajenos. Un estelar viaje en instantáneas imágenes sonoras eternamente vivas.



2 comentarios:
Tuvo que ser una gran noche. Sin duda.
Así fue... una más
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