Superproducción
británica en la que el director alemán narra, cómo el título de la propia
película indica, la reunión de los cardenales de la Iglesia católica, en la que
se elige a un nuevo Papa. Basado en el best-seller firmado por Robert Harris en 2017, presenta un
thriller palaciego, situado en las estancias vaticanas, en las que se
enclaustra el poder eclesiástico para designar al máximo dirigente de la
milenaria institución, tras la repentina muerte de su anterior mandatario. Una
trama de intrigas, conspiraciones y relaciones de conveniencia que no se sale
del guion clásico del género. Entretenida y directa, fácil de seguir y de
mensaje claro más allá de la mera resolución del mundanal conflicto sucesorio y
sus diferentes y maquiavélicos contubernios para alcanzar el poder.
Un juego de
ambición que como aporte más allá del la enquistada elección, refleja bien las
luchas de poder de las tendencias dentro de institución eclesiástica: las
reaccionarias tradicionalistas y las más modernas y aperturistas. En su tramo final el metraje “peca” de
efectismos innecesarios para solucionar el enrevesado problema sucesorio. Con una buena
puesta en escena y bien dirigida, el cuadro de actores realiza un trabajo
intachable, destacando Ralf Phienes en el papel del encargado de dirigir el
cónclave y de Isabella Rossellini entre los secundarios, pero con un guion que
se pierde en el citado y nada logrado final… lo que no es óbice para que sea
una entretenida película.
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