Hubo más de lo primero en la gran caja rectangular que es la sala Caracol, aunque los matices oscuros se mostraron en diferentes texturas: rugosas y ruidosas cercanas al krautrock más enérgico en "Creepin" o etéreas e hipnóticas cercanas a la psicodelia más progresiva em "White rose" Todo ello envuelto en un halo de minimalismo sin concesiones... la iluminación del escenario (escasas variaciones de color para definir geometrías rotundas) los sonidos psicodélicos y postpunk (flotando entre melodías más o menos endurecidas)... los escasos movimientos de los músicos en el escenario... la parquedad en palabras de Ripley...
Crearon una cápsula de sonido envolvente en el que los teclados de Sanae formaban una densa base melódica que la guitarra de Ripley se encargaba de resquebrajar con incisos y afilados punteos. Para rematar, un bis en el que no sorprendió que se acordaran The Stooges y su clásico "No fun".
Abrieron el concierto Chiquita ya Chatarra, otro dúo, en este caso el formado
por las asturianas Patricia Álvarez y Amalia Díaz que para la ocasión contaron
con la colaboración a los teclados de Ricardo Baldo (Captains). La actuación se
presentó en dos partes, en la primera punk primitivo y acelerado con toques
surferos, en la segunda, tras cambiarse los instrumentos (batería y guitarra)
postpunk denso y duro... precisamente cuando el teclado abandono el escenario.
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