21 enero 2012

LA DÉBIL - Sángrala (Everlasting Records)

Segundo trabajo de esta banda madrileño-toledana que transita por los territorios más difícilmente clasificables. Una mezcla de kraut rock, psicodelia y sonidos industriales tocados con crudeza minimalista y progresión primitiva. El ruido como denominador común pero a lo largo de las canciones encontramos múltiples vías de escape que hacen de su escucha una sorpresa constante.

El disco se estructura en cuatro partes, separadas por tres momentos instrumentales cortos llamadas #1, #2 y #3, la primera suena como si de un disco en vinilo puesto al revés se tratara, en la segunda una voz pasada de revoluciones nos da instrucciones para la relajación sobre un fondo de vals y la tercera suena a órgano de iglesia distorsionado. No marcan en todo caso un cambio de fases ya que, aunque el disco evoluciona entre las primeras y las últimas canciones se entremezclan en dichas partes diferentes sonoridades.

La primera parte se abre con "Sángrala" la canción que da nombre al disco, más de cinco minutos en los que progresa con tensión en un ambiente de oscuridad y ruido que nos hace recordar a Nudozurdo. "Rosario" rompe con la anterior, pues con un punto de locura nos muestra un estallido de ruido instrumental festivo y acelerado, junto a una voz que suelta machaconas y ultrarrápidas sentencias, recordándonos en este caso a lo que actualmente hacen Rosvita... 

La segunda parte es para "Averigua cual", en el que la batería suena de nuevo machacona y metálica reforzada otra vez por la repetición constante de estribillos. El tono festivo aquí cede a la sonoridad del postpunk de aire Bauhaus.

La tercera parte comienza con "Ten cuidado", escaso minuto y medio donde de nuevo se repite el esquema de ritmos de batería y estribillos, aunque aquí sonando con urgencia punk, un estallido de furia que escupe  rabiosos ladridos que nos traen a PAL a la memoria.

A partir de aquí, el disco evoluciona y nos muestra sonoridades nuevas, aunque con influencias claras, la banda se hace más personal e interesante, llegando a sorprender con giros inesperados.... aunque quizás también puedan mostrarse menos accesible, pues comienzan a transitar por sendas angulosas: psciodelia sucia, frío rock industrial, ritmos primitivos y tribales por los que se filtran gotas de stoner leve y pop atenuado.

"Uralita" es un ejemplo de ello, casi nueve minutos en los que vuelven a los ritmos tensos de evolución lenta donde los bajos comienzan a tener más presencia, y la batería se atempera. Tarda en entrar la voz, y la canción da un giro pues muestra un tono de himno pop inexistente a lo largo del disco. El final de la canción es un adictivo ritmo de bajo que recuerda al "Echoes" pinkflodyano en su versión directa en Pompeya.

"La flor del azafrán" marca agradables diferencias, se desnuda de instrumentación para quedarse en una percusión que suena a tamboril destemplado y futurista al servicio de una un texto que, fruto del riesgo, bebe de las fuentes de la poesía popular, un "quejío" de amor  de inspiración lorquiana pasado por el filtro de Morente ¡ ahí es na !

La última parte se abre con "Camión" donde de nuevo se aceleran en las marañas del ruido entre las que se cuelan acertados arreglos de trompeta. "Que quieren" son ocho minutos dónde de nuevo el sonido se simplifica, percusiones oscuras al servicio del  recitado de esta apocalíptica letanía. Para finalizar "Rite Rite" ¡ casi veinte minutos ! de exhuberancia dónde cabe de todo, más ecos de Pink Floyd, algo de Sonic Youth, detalles de Robert Frip...

Un total de 65 minutos que nos llevan por parajes tormentosos y urgentes de corta duración unas veces, y sosegadas calmas de duración variable en otras. Entre ambas... todo tipo de sorpresas sonoras.

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2 Comments:

At 16:55, Anonymous Anónimo said...

sabrías escribir sin referencias constantes? tío reciclare, eso ya esta muy visto y para mi, pasado de moda. parece que estas en un supermercado hablando de productos de limpieza. que cojones compadre.

 
At 22:52, Blogger El Confiscador de Sonajeros said...

Me gusta el juego manierista de estirar las referencias hasta el límite, revolotear sobre los adjetivos, jugar con las subordinadas... y es la forma en que ahora mismo me apetece escribir. En cuanto a lo de pasado de moda, ¡ me lo tomo como un cumplido !

Un saludo

 

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