Algarabía cuando aparece su elegante figura recortada por la luz de los focos pero, ¡ se dirige al teclado ! el parecido inicial con Carl Byron nos despista, ¡ ahora si ! sonriente y saludando se presenta con naturalidad pero con mucho estilo. Debe andar por la cincuentena pero se le nota en forma.
Telecaster al hombro se olvida de los instrumentales citados (sólo tocó algunas para calmar los momentos de éxtasis guitarrero) y empieza a atacar canciones de todo su repertorio. El público lo agradece y se vuelca, así suenan sin apenas pausa sus canciones más conocidas "Daddy's gone for good" una especie de country con mucha melodía powerpopera que fue de las más celebradas, "Darlene" y "Rhtym guitar" un par de rockabilly que provocaron el baile y el desenfreno sobre todo al final de la actuación, "Charlene" un pausado rithm & blues interpretado a fuego lento, "Beatufull thing" un medio tiempo de aires latinos en la onda Mink Deville. Pero también rescató algunas canciones como "El Rambler dorado" un instrumental fronterizo que nunca había interpretado en directo y que bien podría haber entrado en el último disco, si no fuera porque se grabó hace 20 años.
Pero no todo fueron guitarras, los teclados, que sonaron de maravilla y el acordeón de Carl Byron, atenuaban en contrapunto una guitarra que sonaba limpia pero electrizante y vigorosa a la vez. Richard Demboswky, habitual en el bajo, se mostró atento y concentrado, pendiente en todo momento de Ben. Además de controlar los ritmos junto a Kevin Jarvis (habitual y eficaz también en la batería), tocó el bajo como una segunda guitarra, con mucha y constante presencia en sus diferentes funciones, estuvo además pendiente e coros y segundas voces.¡ Un escudero de lujo ! También en algunas momentos, la trompeta y la armónica, de la que se encargó el propio Ben dieron diversidad a las canciones y colorido a las guitarras.
Un certero recorrido de casi dos horas por los distintos sonidos del rock & roll, que iba encajando sin sobresaltos, manejando Ben la guitarra con una soltura y suficiencia insultante, sacando todo tipo de acordes con sencillez y con maestría. Esperemos no tener que esperar tanto para una nueva muestra de rock certero variado y divertido.
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Después en la carpa de nuevo aparecieron Los Lobos. Los chicanos ofrecieron un concierto desigual aunque efectivo y agradecido. Son una banda ecléctica que lo mismo se marca una ranchera, que un rockabilly, que un country, blues... Su actuación fue un tanto dispersa, fueron escasos sus acercamientos al rock clásico de los 50' uno de sus fuertes y abusaron un tanto de algunas canciones con excesivo desarrollo instrumental, bien pero no parecía ese el momento.
Pero la noche seguía para algunos y aunque la actuación de los angelinos hizo sudar, aun quedaban fuerzas para ver a "John Spencer Blues Explosion". Con otros ingredientes los de "la Gran Manzana "siguieron la fiesta, con su apisonadora a base de garaje punk, con derrotes funkys, souleros y aliños electrónicos. Apabullante máquina de sonido que prácticamente no paró entre canción y canción. Desde el comienzo hasta el final parecía una misma canción sin fin con desarrollos y arreglos puntuales pero con una misma base. La compenetración total es total en el trío y la amalgama de sonido que salía de sus instrumentos parecía improvisada, pero no lo era. A pesar de lo dicho, destacaron para el público las canciones más conocidas de "Orange" su disco de 1993.
Cuarto disco de este clásico power-trio de guitarra, bajo y batería que se estrenó en 2000 con un chispeante"Mondo cretino" en el que bordaban el punk-pop ramoniano. Ocho años y tres discos después no sólo se mantienen en un género de difícil evolución, sino que logran darle un toque actual y ¡¡¡ muy muy personal !!! sin perder ni un ápice de frescura.