25 abril 2009

BEN LEE - The Rebirth of Venus (New West)

Séptimo disco de este australiano afincado en Estados Unidos, en el que de forma explicita en el título, homenajea a la diosa del amor y la belleza, la Venus romana heredera de la Afrodita griega. También desde la impactante y una tanto controvertida portada, rinde pleitesía a la misma, en una ejercicio de ingenio "naif" con una versión "kitch" un tanto hortera, de la obra del genial de Sandro Botticelli que representa el nacimiento de la diosa. Por extensión el disco es realmente una celebración de las virtuosas cualidades del género femenino.

Continúa la vía abierta en 2005 con su disco "Awake is the new sleep", ¡ aunque aun más pop todavía ! Un disco en el que no cansan las melodías sencillas, los estribillos hiperrepetitivos y los estallidos de guitarras pegadizas, Un subidón de exceso positivo que gracias a algunos medios tiempos consigue no empalagar.

Vitalista, energético y exultante de felicidad, más no se le puede pedir a esta colección de canciones preciosistas en su sencillez, aunque con un meditado trabajo de instrumentación. Predominan las guitarras acsúticas y pianos que sobresalen en varios momentos por encima de baterías y ritmos de aires techno bailables (aunque sin estridencias) que complementan a la perfección con la inconfundible voz de Ben.

Algunos ejemplos de vitalidad positiva: "Surrender" con unos coros que doblan cada frase de Ben como si fuera una congregación gospel. "Sing" con un piano en primer plano repiqueteando efervescente, "I love Pop music" con un coro de palmas y un leve teclado marciano junto a unas voces femeninas que son puro juego, o "Yoko Ono" con un toque de épica divertida con habiles tarareos, falsetes y punteos de guitarra eléctrica.

Lo comentado también se adapta bien a algunos medios tiempos como "Boy with a Barbie" o "Wake up to America" dónde sin perder la naturalidad Ben se adentra en terrenos más envolventes y algo ocultos. Curiosa mezcla que lo sitúa en un especie "crooner" futurista.

Para finalizar y ¡ sin perder la ironía, como no! el disco se cierra de forma evasiva con "Families cheating at board games" hipnótica y progresiva con aires de trascendencia y "Song for the divine mother of the Universe" psicódelica y tántrica, dónde los coros doblados y palmas vuelven a hacer de las suyas. Un final que despista en primeras escuchas pero que también cosigue enganchar más allá de los brillos de otras canciones.

Uno de esos discos que que te viene a la mente nada más levantarte por la mañana, cuesta dejar de escuchar y pinchas de principio durante el resto de la mañana. De los que te cambian la cara.

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