Presentó Corcobado su último disco "A nadie" acompañado de músicos habituales como Susana Cáncer en los teclados y Justo Bagüeste en saxos y ritmos pregrabados, ambos ya hirieron con él como "Chatarreros de Sangre y Cielo" en los 90'. En el bajo, el prolífico Fino Oyonarte que produjera su anterior disco "Susurro". Como novedades, Alicia Alemán en la guitarra y Jesús Alonso en la batería.
De riguroso negro, la primera parte de la actuación transitó por caminos íntimo. Hierático y sobrio, trascendente y muy metido en la interpretación, sin apenas abrir los ojos y fumando un cigarro tras otro. Abrió con "Hoy no voy a cantar una canción de amor" adentrándose en los terrenos de la lengua francesa para a continuación, adoptar la portuguesa, al rescatar de las profundidades de su discografía una poco esperada "Negue" (canción popular brasileña de los años 60 que popularizaran más tarde María Bethania o Cesarea Evora). Después los aires de bolero enfermo se hicieron protagonistas, con canciones de su último disco como "¿Por qué estoy tan triste?", "La canción del viento", "Soy un niño" o " "A nadie".
Cuando parecía que seguiríamos por dichas sendas (sólo "Susurro" desperezó los ritmos) se despertaron las emociones rabiosas, ¡ había ganas ! y Corcobado que hasta entonces se había dedicado solamente al micro, agarró la guitarra para ofrecernos una dosis de tormenta.
Recuperó algunas de las canciones más hirientes y tortuosas de su amplio repertorio. Empezaron los aullidos, desgarros del alma y distorsiones sónicas aprovechando no sólo su guitarra tormenta, sino los múltiples posibilidades de ruido que ofrece Justo Bagüeste. "La navaja automáticas de tu voz", "El futuro se desvaneció" (esta actual) y "Cicatrices en el cielo" desataron pequeñas catarsis, en un público moderado. Estas canciones en los tiempos de la sala Revolver, provocaban daños entre los habitantes de las primeras filas, y no en el sentido metafórico.
También se acordó de ofrecernos una dosis de trance, la segunda parte de "En el coño del mar" es puro "Corcobator" su disco "electrónico". Para volver a las partes positivas del alma, la aflamencada y festiva "Caballitos de anís" actúo como bálsamo perfecto.
Un nuevo viaje entre cielos e infiernos, la vida y la muerte o el amor y el desamor, entre los que cada vez Corcobado va dejándonos más matices intermedios, menos extremos pero que en directo se desatan aunque trate de impedirlo.