Tras
dos décadas dedicadas a otros menesteres, el octogenario historietista
norteamericano regresa al género que le dio a conocer como artista clave de la
contracultura de los 60’ y pionero del undergorund en la historieta. Lo hace
con doce historias cortas, en cuarenta y cuatro sobrecargadas páginas con los textos
desbordando las viñetas, a la vieja usanza, que mezclan memoria, ensayo,
reflexiones personales, polémicas y tramas conspiratorias al hilo de la pandemia,
las vacunas y las farmacéuticas en relación con el poder, junto a cuestiones
existenciales sobre Dios y la religión.
Lo hace con su estilo gráfico habitual,
heredero en lo formal del comic que se popularizo en la primera mitad del siglo
XX, aunque llevado al extremo con sus abigarrados discursos y figuras realistas,
exageradas en su expresividad hasta rozar la caricatura. Una obra que no se
sale de lo que se espera de este buen conocedor del blues. Cruda y perturbadora,
que no busca agradar ni moralizar, su intención es la exposición brutal de sus
propias paranoias, convirtiendo lo personal en material artístico. Es un comic incómodo,
un espejo deforme que revela las sombras de la mente humana, reflejada en
costumbristas historias comico-cínicas que se concretan en los miedos y
obsesiones de nuestro tiempo. Atractivo ¡como siempre!

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