El trío de Chicago hunde su sonido en la charca más
emponzoñada del blues primitivo, que ellos lo estiran hasta deformarlo de forma
cruda y sucia con los instrumentos en el más absoluto y orgánico lo-fi. Ritmos
machacones y repetidos hasta el infinito con los que se llega al trance para lograr
así un sonido fangoso y perturbador, sofocante en su saxo barítono -siempre
presente y en primer plano- y psicótico en la guitarra fingerpicking de su
líder y cantante Jon Vernon Forbes que suena extremadamente áspera, como su voz
a lo Tom Waits, más recitada entre susurros que cantada. Todo eso como base
para sonar además con nervio hillbilly «Trash Island», descacharrado soul «Big
D» o sudoroso bebop «Papaer Bag», pero también según avanza el disco, bajar a
las profundidades abisales menos vistosas, donde la melodía fluye lenta y densa
hasta el extremo «4 Walls Underwaters» y «Low Sierra Surfer Chain» para
finalizar y forzar experimentando con la
distensión cercana al silencio «Lying to
God»

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