
En 2005 se lanza en solitario y sin hacer a penas ruido llegamos a este "El Baile de los días" en que sigue transitando por sendas intimas y sutiles en claves por las que ya ha transitado en los discos anteriores: "chaison" francesa, boleros, sonidos latinos, algo de jazz y funky elegante, tenues giros electrónicos... pasado por el tamiz de una voz que, en cada disco se hace más susurrante.
Todo va discurriendo sin prisa, calando poco a poco, creando ambientes pausados con un arrebato de saxo por un lado, gotas de piano por otro (unas veces orgánico, otras más sintético), un contrabajo marcando los silencios, una trompeta esquiva y sorpresiva, una percusión apenas perceptible... y sin darte cuenta estás ya en otra canción. Sólo hacia la mitad del disco "La ambición" nos despereza con sus sonidos arrabaleros y ritmos repetitivos donde la voz de Corcobado crea un contrapunto que le da un aire callejero a la canción.
Los momentos de sosiego dominan en el disco: "La ciudad de piedra", "Mendigos de amor" o "Castillos en el aire" junto a otros donde se imponen la incertidumbre y algo de tensón: "Tu sitio", "La cicatriz" o "En el jardín". En "La javanaise" versionea a Serge Gainsbourg y "El sueño" es un breve y delicado epilogo pop. Así... tocando despacito, sin casi ruido, en silencio y paladeando.