Precedidos por sus anteriores e incendiarias actuaciones, el boca a boca funcionó y había expectación sobre todo, por los que por primera vez veían a los californianos. Cavalieri, con una imagen entre Marilyn Manson y un Iggy Pop extraterrestre (entre tatuajes y gafas de mosca) ejerció el papel de maestro de ceremonias. Con el piano farfisa en primera línea de escenario, se dedicó a ofrecernos un variado muestrario de como maltratar su instrumento sin que este deje de sonar y no rodar por los suelos (casi, casi). El escenario no daba mucho juego, pero Jake no paró hasta hacer su numerito de subirse encima de los teclados y tocar desde ahí.
Efectos espectaculares para regocijo del público, pero detrás había una banda respaldando a su líder a base de guitarras punk-garajeras con toques stonianos a cargo de Johnny Devilla (que vuelve a la banda), en algunos momentos, las guitarras sonaron con sutiles tonos surferos. En la batería Max "Sicko" Eidson, sonó especialmente contundente, haciendo también de "frontman" en algunos momentos, también el bajo del impertérrito Mike Davis, ex MC5 que había producido el anterior disco y ahora forma parte de la banda.
No se olvidaron de sus anteriores discos y sobre todo destacaron "Born to lose" y "Knock knock", esta última una versión cuyo original grabaron en 1967 The Humane Society con un comienzo "western" en medio tiempo que estalla en garajeo ruidoso al final.
No ardió el farfisa, Cavalieri montó su "show" pero, o por el condicionante de la sala, o por no caer en tópicos de imagen más que de música, el desmadre no se generalizó en exceso. Garaje, garaje y garaje.