
Cuidadosos de imagen, se muestran en portada a cara descubierta, con aire de no ocultar nada, a diferencia de su anterior disco en el que aparecían ocultos bajo pasamontañas. Algo parecido ocurre con las canciones de este disco que se muestran directas, luminosas y fluidas frente a las de su predecesor que discurría mayoritariamente por terrenos laberínticos, oscuros y densos.
Por un lado, encontramos rock voluminosos de ritmos sincopados de bajo y batería (no esconden sus orígenes), como en "Ya verás" o "En tu cenicero" y por otro, acercamientos (a su manera), al pop de guitarras, como en "Todo el mundo" y sobre todo "Ellos" que junto con "Campo del príncipe" vertebran el disco. Grandes canciones realmente. No faltan además, aunque ya menos sorprendentes, sus habituales recorridos por los sonidos ocultos, sobre todo al final del disco con "Días grises" o "Canción para un desierto". En todas ellas, unos muy medidos arreglos electrónicos, siempre presentes pero que pasan primer plano en los momentos precisos.
En cuanto a letras, todo el disco gira en torno a las relaciones humanas en un contexto extremadamente urbano, el agobio existencial y el hombre en la inmensidad de su soledad interior. En definitiva una crítica consciente del hombre en sociedad que podía resumirse en la excelente "Todo el mundo". ¡ Curioso en su contradicción ! pues se encerraron en la Alpujarra granadina (entre el mar y la montaña) para grabar ¡ sorprendentemente en analógico !
Un disco muy cinematográfico, que consigue que el es escucha consiga fácilmente recrear imágenes y sensaciones de la vida cotidiana. que te llevan de la euforia a la depresión sin casi tiempo para asimilar o reflexionar. Un disco importante, de los que trasciende géneros.