Tras reunirse en 2023 la banda sueca, sigue ofreciendo giras y conciertos
de forma esporádica. No entra en sus planes pisar el estudio de grabación, su motivación es divertirse en el escenario sin
la necesidad del aval aportado por nuevas canciones o discos, mientras haya
gente dispuesta a seguir acudiendo a sus conciertos… y aquí son muchos los que
aún les rinden pleitesía, y aunque en veraniega y calurosa noche madrileña
quedaron entradas sin vender, las sala mostró un estupendo ambiente. Lógicamente,
no son sorpresas lo que se busca encontrar quien acude a sus actuales
conciertos, sino un repaso por su cancionero más reconocible, como así hicieron
con un repertorio basado principalmente en sus trabajos iniciales: Welcome To The Infant Freebase (1996) y Behind The Music (2001) coparon buena
parte del listado de canciones entre efluvios de psicodelia espacial.
La primera parte del concierto supuso una constante lucha de sonido, con
algunas indicaciones para ajustar guitarras que por monitores, y con Ebbot Lundberg sufriendo
con voz, dio la impresión que buscaba alzarse
entre la maraña de sonido que la rodeaba y claro… tampoco es que sus
cuerdas vocales estén en su mejor momentos, que la edad no perdona. Se le veía
incómodo. Tampoco debió ayudar el ir venir de unas guitarras y otras a la hora
de lograr una estabilidad sónica. Así, canciones inapelables como “Independent
Luxury”, “Mind de Gap” o “Comfrontation Time” no lucieron, costaba meterse en
el concierto a pesar de las incontestables canciones y de la intachable pericia
instrumental, con las seis cuerdas echando chispas y el bajo marcando ritmos
contundentes a la vez que melódicos.
De
repente, y coincidiendo casi con la ausencia del habitual humo que ambienta el
escenario, el sonido pareció aclararse, Ebott sonrió incluso y su voz comenzó a
funcionar mejor. Alguien debió dar con la tecla correcta para que canciones
como “Instant Repeater’ 99” o “You Are
The Begining” sonaran con la claridad de su expansivo y emocional épica. A
partir de ahí el habitual y envolvente sonido que caracteriza a la banda
arrolló al público en tramo final, ya sí, a la altura de su legado sonoro con
las muy celebradas “Big Time” alargada y nerviosa “Nevermore” con su aire
ancestral, “Second Life Replay” hipnótica y chamánica con Ebott más contenido
en su ceremonia que en los viejos tiempos y la psicótica melodía de “Sister
Surround” con sus adictivos riffs y punteos como esperado cierre. En el bis “Firmant
Vacation sonó infinita como si fuera un jam y “21st Century Rip Off” como guió
propio… para volver cuando nadie lo esperaba rebajando revoluciones con los
teclados como protagonistas en “The Passover”.
Al final volvieron las sonrisas,

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