Tras un par de discos en los que el trabajo
digital en busca de la excelencia sonora era su obsesión, Kyle Thomas -guitarrista
de Ty Segall que aquí corresponde tocando algunas baterías- regresa a los
orígenes rocanroleros y orgánicos.
Lo
hace en su versión exultante y glamurosa, con la guitarra como absoluta
protagonista, explayándose a gusto en la
‘imperfección’, si la hubiera. Domina el riff vibrante y el punteo pegadizo, que suena espontáneo, urgente y exorbitante
desde el arrollador inicio: «Twisted On A Train» con su contagioso
esplendor, «Stairway To Nowhere» vacilona, disfrutona y con
hipnóticos arreglos de bajo; y el vibrante nervio eléctrico a lo Television de
«Invisible Ink». Tregua en forma de medio tiempo a lo REM «Landline» y vuelta a
la festiva efervescencia en la nuevaolera «Oil Change», la fastuosa «East of
Ordinary» y el agitado paroxismo de «Delussions» en el universo Who… para
acabar rasgando con brío la acústica en «Backroads», y todo ello en apenas media
hora.

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