Que
el sexteto de Cambridge ha dado un giro de 180° en su propuesta sonora tras la
marcha de Isaac Wood ya quedó claro el pasado año con la publicación de Forever Howlong. Que dicho viraje es de radical
no retorno, quedó claro en esta actuación que tuvo que cambiar a última hora a
sala de mayor ante la inesperada, o no tanto, respuesta del público. Ni rastro hubo
en la veraniega tarde-noche del post-punk nervioso y caótico de crescendos que
se quiebran de forma abrupta, ni de recitados acelerados y psicóticos. De hecho
el repertorio olvidó radicalmente el
pasado para centrarse únicamente en el nuevo disco, que interpretaron al completo aunque no en el
mismo orden.
Sobrevoló
por la sala por tanto, un elegante y evocador muestrario de melodías entre el folk de cámara,
pop progresivo y jazz ligero que fluyeron como si de un cuento sonoro se
tratara, con las voces de Georgia Ellery, Tyler Hyde y May Kershaw como
cautivadoras narradoras que bien hubieran merecido un espacio más adecuado
(auditorio o teatro) pues aunque el sonido fue intachable, costó adentrarse en
su magia desde ubicaciones lejanas al escenario, lógico por la cercanía de una
propuesta en la que acordeón, violín, mandolina y flautas arroparon al oyente
para elevarlo algún palmo del suelo.
Un
público que, para lo que es el habitual ir y venir de esta sala grande, estuvo
a la altura de lo proyectado desde el escenario, respetando silencios hasta el
infinito y mostrando su fervor al hilo de las cadencias más extravertidas, y es
que en su nueva proyección, la banda no olvidó las progresiones y rupturas
tomentosas, ni la irrupción del saxo (menos agresivo que antes) como sorpresivo
y expresivo intruso, pero hicieron llegar todo ello aclarado entre la fantasía
coral de sus voces y de sus precisos instrumentos.
Así es como embaucaron
desde la inicial «Stranger», su más
reciente canción incluida en el recopilatorio benéfico Help(2), «Two Horses» con su
lánguido inicio que trotó hasta convertirse en festivo confeti, las
circenses «The Big Spin» y «Salem Sister»,
la destemplada «Mary» o la minimalista y jazzera «Nancy Tries To TakesThe Night»
para continuar con los coloristas y
artificiales fuegos de «Besties» y emocionar versionando a Big Star «The Ballad
Of El Goodo» y llegar al final del encantamiento con el ferviente optimismo de «Forever
How Long» y «Happy Birthday», para tras cerca de la hora media de suprema
actuación salir del recinto con la sensación de haber estado un rato en otro
mundo.
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