Tras
quince años de silencio discográfico regresa la banda liderada por Mike Ness, que después de superar graves
problemas de salud, vuelve a la actividad con un disco que se condensa lo que
mejor saben hacer: punk rock old school con matices rockabilly y
country, mostrando la evolución de la banda más allá de sus raíces hardcore… y
siempre bajo el dominio de las guitarras aceleradas y la inconfundible voz de
su renacido cantante, cada vez más curtida y desgastada.
Toda una declaración de intenciones
reflejada en su canción inicial “Born To Kill” una
incendiaria y contundente proclama como paradigma de defensa de un modo
de vida vinculado la resistencia… y persistencia de su ideario sonoro, que
continúa reforzándose con la siguiente canción “No Way Out” para seguir,
después de décadas de trabajo situados como referentes esenciales de punk rock
norteamericano y mundial en su versión más cruda y a la vez melódica y
emocionante.
No faltan de nuevo en este disco esos
himnos de riff sucios y directos para corear puño en alto “Tonight” ni
canciones en las que domina el medio tiempo arrebatador desaceleradas donde la épica emocional fluye
a medio tiempo épico, en la arrebatadora “The Way Things Were” y la distorsionada “Partners In Crime”
o la nostálgica “Don’t Keep Me Hangin On” Se llevan a su terreno un honky-tonk
destemplado “Crazy Dreamer” con Lucinda Williams haciendo coros, al igual que
el pantanoso “Wicked Game” de Chriss
Isaak, para en la recta final acabar rugiendo de nuevo con “Over You” un
perfecto epílogo que condensa en sus cuatro minutos de duración, las cadencias
sonoras que aparecen en este disco que se sitúa a la misma altura de su esplendido legado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario