21 septiembre 2026

ANTONIO ARIAS – Auditorio Conde Duque (Madrid). Publicado en la web Rock and Roll Army

Foto: Cancho
 
Tiene mérito lo del multifacético artista granadino, no es fácil mantener una coherencia compositiva y a la vez explorar nuevas formas de expresión sonora sin salir indemne, pero lo consigue a partir de una perspectiva abierta a la experimentación, que muta en sus proyectos en solitario al margen de Lagartija Nick. Lo hizo en los diferentes  Multiversos fusionando la psicodelia y el rock con el éter cósmico y lo logra de nuevo cohesionando lenguajes musicales concretados en dos tradiciones cercanas: la música andalusí y la gnawa marroquí. Siempre inquieto –ya desde el treintagenario Omega morentiano–  buscando; ya sea en la infinita órbita celeste o en el amplio globo terrestre,y encontrando, en estudio y en directo, vínculos entre lo ancestral y lo moderno.
 
En dicho contexto se presentó en formato trío acústico encabezados por los promotores del proyecto Mawlid, una tradición subsahariano considerada uno de los orígenes del blues: Antonio Arias a la voz y el  guembri que didácticamente presentó como instrumento de cuatro cuerdas de tripa de cabra, recubierto de piel de camello y mástil de madera, lo mismo hizo Moncho Rodríguez (Fandila) explicando el origen de la mandola: argelino y peninsular, acompañados ambos por Zeke Olmo: batería y percusión. Como indicó el maestro de ceremonias Arias, los instrumentos sustitutos de la batería y los electrizados bajo y guitarra.
 
Definido el proyecto en el recientemente publicado Mapa del Trance (Montgrí) enlazaron sin pausa «Ciudad sin Sueño», «La Peregrina» y «Mapa del Trance» con los que embaucaron al cerca del centenar de asistentes que ocuparon en torno a la mitad de las butacas del aforo del estupendamente sonorizado auditorio. Tras el arrebatador inicio Antonio, siempre lúcido y locuaz, comenzó con sus acostumbrados soliloquios, en este caso más necesarios si cabe, explicando lo que sonaba. Instructivo y divertido, pues no faltaron  anécdotas lanzadas con su deje meridional: se enteró de la inexistencia de  jaguares en África después de haber grabado ya «Matar Al Jaguar» una composición que dejó entrever su origen rockero y oscuro que sintonizó de maravilla con el proyecto presentado… y contó algunos chascarrillos siempre en relación a las canciones: «Boabdil el Chico» original  de Miguel Ríos o sobre su estancia en Dubai al hilo de o «Oh Amazigh»… o cuando Antonio conectó, ejemplo sonoro incluido, la música mawlid con los Stogges.
 
No llegaba la media hora de actuación  cuando se encaminó hacia el escenario desde el fondo del patio de butacas, el trío gnawa de Tetuán liderado por Arafa Chaara que con sus exóticas vestimentas, se unieron al resto  para en formato sexteto, dotar de mayor riqueza instrumental el espectáculo, principalmente con el qraqeb crótalos de hierro tradicionales que no pararon en ningún momento de sonar junto al resto de cuerdas y percusiones a las que se añadió otro guembri, el de Arafa. Tras diez minutos en dicho formato. Arais y compañía dejaron solos al tío marroquí, que afrontó la segunda parte de la actuación, entre ritmos repetitivos hasta el trance. A pesar de sus intentos, no llegaron a conectar del todo con el público, pues la mitad del mismo no respondió a la llamada para dar palmas o hacer coros en sus excesivamente alargando y machacones ritmos…, y es que el impetuoso ritmo tribal no fue directamente proporcional a la intensidad emocional vivida en el primer tramo de concierto. Llegaron finalmente los anfitriones, para despedirse todos, tras hora y cuarto de actuación, disfrutable en su conjunto en todo caso y diferente a las propuesta actuales… además de necesario según está el panorama, no solo musical se entiende.          

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