19 septiembre 2026

Kitty, Daisy & Lewis – Sala Mon (Madrid). Publicado en la web Rock and Roll Army

Foto: Cancho
 
Aforo completo y gran ambiente en los bares aledaños para recibir a los Durham. El familiar trío –hermanas y hermano- londinense regresó a la capital tras varios años de ausencia. Sus vistas fueron habituales la pasada década, coincidiendo con la publicación de sus discos, pero llevan casi diez años de silencio discográfico -apenas algunos singles- y sus actuaciones han sido escasas. En parte por la maternidad de Daisy, pero principalmente por el desgaste provocado por un proceso compositivo y de grabación artesanal que tras varios años de trabajo codo a codo -el trío y escasos allegados lo hacen todo-  acaba siendo tarea ardua y lenta. Es por eso que un tanto olvidados por muchos, como el firmante, se les tenía ganas, y se notó de inicio, tanto en el público, muy diverso en estéticas y edad, como en los protagonistas de la noche –radiante- que ofrecieron un variado, estimulante además de  divertido repertorio… sin novedades eso sí, aunque anuncian nuevo disco este año.
 
Foto: Cancho
 
Aparecieron en formato quinteto apoyados, como siempre por su progenitor tocando todo tipo de cuerdas: acústica, banjo y ukelele y arreglos varios de percusión y Jack Flanagna –de Mystery Jet y casado con Kitty-  al contrabajo,  todo quedó de nuevo en casa, ya que la madre, habitual en dichas labores, no apareció esta vez en el escenario. Comenzaron con «Paan Man Boogie» en modo intro instrumental con Lewis solo al piano de inicio para continuar en modo rockabilly-blues primitivo y vacilón a dos voces y con la harmónica vibrando «It Ain’t Your Bussines». Se adentraron después en los terrenos del ragtime, con el teclado centelleando «(Baby) Hold Me Tide» con Daisy al glockenspiel -una especie de metalfono- y el “daddy” al banjo, para a continuación y sin abandonar el animoso y citado sonido, dotarle de un aire más blusero «Buggin’ Blues» que sonó muy dylaniano. Entre tanto iban cambiando de instrumentos constantemente, también las voces, no siempre con los mismos protagonistas que las incluidas en los discos de estudio, creando un propicio ambiente de vodevil con el que era imposible no entretenerse ante tal trajín escénico… y sonoro pues después sonó un rocanrolazo a lo Chuck Bery «Ooo Wee», pero… con mucho  swing y es que la original de Louis Jordan rivalizaba en tiempos con las canciones del pendenciero “padre  del rock’n’roll”. 


Foto: Cancho

 Momento de transición con «Just One Kiss» un soulero baladón y el medio tiempo «I’m Coming Home» un country muy trotón. La versatilidad, no solo instrumental sino sonora, era tal que e adentraron en los sandios del ske bailable  «Turkish Deligth», anteriormente lo habían hecho en cadencia algo más pausada aunque no mucho, que no pusieron mucho freno, en «Baby bye bye» y al final ¡cómo no! el «Going Up The Country» un blues rural compuesto hace ¡casi cien años ya! por el pionero del ragg-blues Henry Thomas, popularizada por los Canned Heat que la impetuosa banda volvió a pulverizar, sustituyendo la flauta por una desgarrada armónica y piano muy boggie. En el bis se dieron un innecesario alarde instrumental en los quince minutos largos de «Say You All Be My» una jam muy setentera incluida presentación de los músicos que resultó un tanto excesiva, pues lo que tenían que mostrar, ya había sido expuesto con creces en las hora y media anterior, un torrente de rithmanblues añejo, countrybilly, swing, ska… muy bailable y alejado del sonido retro.    

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