En
horario de tarde y aún con poco público, la mexicana residente en Madrid Tyna
Ros, abrió el concierto derrochando simpatía con veinticinco minutos de country
pop alegre y vivaracho. Más de una hora después, con impuntualidad hispana se
presentó la banda angelina ante una expectante y abarrotada sala. Mira que
había asistentes de aquí para allá en el escenario, pero entre el parsimonioso
ir y venir, y que no acababan de dar con la tecla… se hicieron esperar y su
aparición por fin en el es escenario fue un tanto abrupta.
Comenzaron
a ritmo tex-mex y rithmanblues, pero aunque su sonido era impecable en melodías
y ritmos, no trasmitieron emoción desde el escenario, y no enganchaban a un
público bastante frío de inicio (primeras filas incluidas) al que no parecía
importarle mucho que no hubiera la esperada conexión. Con “Chuco’s Cumbia” y
“Maricela” comenzaron a menearse ligeramente las cabezas, pero se vio hasta
algún bostezo.
Tanto
la banda como los asistentes se empezaron a desperezarse con “Down On The
Riverbed” un electrificado y agitado
blues muy granulado en su distorsión con las guitarras de David Hidalgo y Cesar
Rosas complementándose con mucho estilo y sonando espléndidas, también a
continuación con el clásico Will The Wolf Survive? un elegante medio tiempo
rockero, pero volvieron al ‘roll’ más que al ‘rock’ (en segundo plano durante
todo la actuación) con “Chains of Love” con la sección rítmica Conrad Lozano al
bajo y Alfredo Ortiz a la batería junto a Steve Berlin en teclados y saxo
barítono brillando a gran altura como instrumentistas como si de una jam
session se tratara. Toda la banda estuvo musicalmente suprema.
Con
el acordeón al hombro de Hidalgo y Rosas ejerciendo de portavoz comenzó, a
animarse la noche, sobre todo con “Carabina 30-30” el arma utilizada por los
revolucionarios mexicanos en 1911, que a ritmo de ranchera dedicaron a Trump para,
ya sí, agitar bien al personal con las siguientes: la animadísima “Runner” y el
“Volver Volver” patrimonio de la ranchera mexicana junto a la “Cumbia Raza”, poniendo
las cosas en su sitio, en inflamables ascuas. Sobre todo en el bis con Ritchie
Valens como protagonistas en el recuerdo y las imperecederas “Come On Let’s Go”
y “La Bamba” con medley del “Good Lovin’” de los Rascals con la sala ya sí que
sí, en plena ebullición, cuando ya había que irse tras ni casi hora y veinte de
actuación, con ajustes del repertorio, pues según listado algunas se quedaron
fuera. De menos a más, pero con sensación agridulce pues la excelencia no fue a
tiempo a completo… y podría haberlo sido.



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