El director de la recomendable Monstruos regresa con un guion basado en
el videojuego del mismo nombre, cuyo
objetivo consiste en que una persona que se encuentra atrapado en bucle en un
pasillo del metro, logre encontrar la salida que da título a la película. Para
ello debe avanzar sin encontrar anomalías en los objetos que aparecen en su
campo de visión, si las encuentra debe dar la vuelta y empezar de cero... para
trata de llegar de nuevo al ocho. Es un minimalista thriller psicológico que en su primera parte sostiene la
tensión y la angustia del retorno constante como si de una figura imposible de
Escher se tratara.
En la segunda parte, el relato se amplía con la
aparición de otros personajes que también están atrapados, abriendo la
dimensión psicológica del conflicto desde lo individual a lo colectivo, pues
hay una intención en este “juego kafkiano” de observación que lleva
directamente al interior de unos personajes que buscan redimir y actos pasados
que se muestran de forma simbólica. La puesta en escena es brillante, consigue
mantener fija la atención en los detalles, a pesar del riesgo de enlazar
constantemente estructuras repetitivas. En definitiva una reflexión sobre el
aislamiento social, el compromiso, la
toma de decisiones y en definitiva la angustia existencial.

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