Basada en un relato de Stephen King y contada en
tres actos, narra la vida del protagonista del título en orden inverso: desde
sus últimos días, que coinciden con el advenimiento del mundo, hasta su
emocionalmente agitada infancia familiar. El inicial es un distopía reflexiva y
sombría sobre el mundo, al que sigue un vitalista canto a la vida en la edad
adulta, con colorida coreografía incluida, y el último es un híbrido entre el
dolor de la primera y la esperanza la segunda, que narra la superación personal
de Chuck gracias a dos pasiones: el baile y las matemáticas, actividades que
actúan como alegoría del orden del universo que su director propone entre la
fantasía y la realidad.
Drama poco convencional, arriesgado porque despista entre
lo trivial y lo profundo desde un punto de vista deliberadamente ingenuo pero
convincente. Brillante bipolaridad que puede descolocar y alejarse del verdadero
mensaje: la celebración de la vida y la muerte aunque todo se desmorone
alrededor. De tono nostálgico y aire poético, juega con elementos
sobrenaturales que conviven sin estridencias con lo cotidiano. Visualmente
intachable aun cuando llega a mostrarse artificiosa, excéntrica e incluso lacrimógena,
logra equilibrados contrastes que son precisamente los que dotan de valor a
esta película.

No hay comentarios:
Publicar un comentario