Bajo
la íntima elegancia del antiguo teatro de la calle Arenal, Javier Corcobado
celebró su pasado: 40 años de trayectoria musical, y su presente, pues ambos
tiempos se recogen en Solitud y Soledad
su último disco doble que recoge canciones nuevas y otras antiguas grabadas de
nuevo con algunas voces colaborando. Apareció en el escenario después de de que
la banda lo hiciera, con la distinción que impone su figura, parsimonioso y
trascendente, para sin más palabras y como sentido interprete ya desde el
principio, meterse en la piel de canciones icónicas de su inicio en solitario
en los años noventa «Carta al Cielo», «La Libertad (es la cárcel de todas las cárceles)» y «Desde tu Herida», canciones de emoción contenida al igual que su voz
en esos momentos.
Después
llegó el turno de las nuevas canciones, ya con la eléctrica al hombro llegaron
las primeras marejadas entre el cielo y en infierno con la «Soledad y Solitud», «Que Maravilla Sería» que alternaron su sonido de guitarras entre lo
estilizado y lo grueso, estallando en distorsionante sonido de atracción de
feria en la desbordante «No Tengo Remedio» y rebajar tensiones con un medio tiempo
sanador, la templada y evocadora «Susurro» y adentrarse en los terrenos del bolero translúcido
y la ranchera distópica en forma de letanía «Secuestraré al amor».
A
continuación, Javier excusó la ausencia de los artistas invitados en el disco:
Nacho Vegas comenzaba gira en Mieres, Jorge Martí de La Habitación Roja está en su
periplo laboral noruego y Andrés Calamaro en Uruguay, pero si apareció Alaska para
interpretar dos canciones de la época en que Corcobado explotó su lado femenino
como así comentó la diva pertinentemente pues convivieron en espacios comunes
en tiempos de juventud. En la maquinera «Coches de Choque» su presencia en la voz, que no en los bailes, fue
testimonial, en cambio en “Dame un Beso de «Cianuro» su voz fue protagonista mientras Javier desde el
clavijero de su guitarra desafinaba las cuerdas.
Mención
especial a la banda que fue presentada con especial cariño, y que mostró su
versatilidad para adaptarse a diferentes sonidos de tiempos y estilos distantes.
Juan Peréz Marina a la guitarra, Jesús Alonso a la batería, Gustavo Villamor al
bajo y Aintzane con G de Gloria en el sintetizador y voces, y que tras «Cine de Verano» canción que Javier compuso junto a Manta Ray en su
disco conjunto Diminuto Cielo (1997)
cantó «El Mar es mi
Corazón» que además de
en su nuevo disco, apareció en Los Estertores de la Democracia (2014) y que aparece en CADUD
(Canción de Amor de un Día) proyecto colaborativo en el que se enlaza una
canción que dura ¡veinticuatro horas! y que presentó la mañana siguiente en una
librería del barrio de Lavapiés.
«Inundaciones
de Amor» la anunció
como si de Lee Hazlewood y Nancy Sinatra… o Sergio y Estibaliz se tratara,
sonó arrebatadadora y dramática en su introspección, como la siguiente «A nadie» que dio paso a las
tormentas desatadas de «La Navaja Automática de tu Voz», una grata sorpresa no recuperada en el
disco y que sonó histriónica y a serrucho, como lo hacía treinta y tantos años
atrás, igual de atormentada que «Cruz de Respiración» y como la
nueva composición «En la
Sombra de una Copa» con
Javier totalmente desmadrado....
…para acabar con un final y festivo, con el pop sincopado y glamuroso de «Ying Yang Yung Venus» en el que varios asistentes fueron invitados a
subir al escenario y bailar su simétrica coreografía, dejando para el bis la
teatral y cabar
etera «Caballitos de Anís» traicionándose a sí mismo, pues dijo que se juró un día no tocarla más… con el público desatado, igual que él… contento... feliz, tras dos horas en el cielo y en el infierno
etera «Caballitos de Anís» traicionándose a sí mismo, pues dijo que se juró un día no tocarla más… con el público desatado, igual que él… contento... feliz, tras dos horas en el cielo y en el infierno





