El nuevo
trabajo del artista asturiano es un viaje emocional en el que convive con
descarnada naturalidad, el explícito y combativo alegato político junto a la lírica
poética más íntima. Lo hace tras veinticinco años de carrera en solitario en
los que se ha forjado una credibilidad más allá de lo musical en relación a su compromiso
social -más necesario que nunca con la que está cayendo, aunque aún hay quien
le tacha de panfletario- a partir de un discurso colectivo que narra historias
particulares, para denunciar universales injusticias y prácticas abusivas de
poder -interludios con intervenciones concretas incluidas-.
En cuanto a su
discurso sonoro, hay marcados contrastes: desde la elegancia luminosa «Mi Peqeuña Bestia» que recuerda a los cantantes melódicos de los 70’
hasta la blasfema punk «Deslenguarte»
donde junto a Albert Plá, quien si no, se caga literalmente en todo. Entre
ambos extremos: impolutos medios tiempos de belleza contenida «Llueven Moscas»
y «Tiempo de Lobos» o lentos «Los asombros» canciones en las que la crítica
asoma agazapada y sutil.
Consolida además su siempre presente compromiso con la
raíz popular en su lengua asturiana: «Fiu» homenaje a su madre que deviene en
canto antifascista, «Les Ales» versión del Txori Txori de Mikel Laboa, junto a Rodrigo Cuevas, «Seis Pardales» en
solidaridad con las “Las Seis de la Suiza” o «L’acabose» alegre y festivo
cierre final como esperanzadora romería grupal de este emocionante escrutinio
de la deforme realidad.



