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| Psychedelic Porn Crumpets: Foto: Cancho |
Con las entradas agotadas con varias semanas de antelación, el ambiente en la sala del barrio de Moncloa, mostraba un estupendo ambiente previo en postinvernal noche de martes, que la banda australiana puso a hervir con sus ingredientes sonoros preferidos: psicodelia acelerada, hard rock, garaje punk y ramalazos metal… condimentados con space rock para rebajar la sustanciosa pócima. Potente brebaje que tuvo como entrante a Ghost Funk Orchestra, sexteto del Brooklyn neoyorquino que en su primera actuación en España, logró preparar los cuerpos con su elegante entremés a base de soul psicodélico, jazz experimental y sonidos latinos, canción en castellano incluida “Blue Moon” envuelto todo ello entre atmósferas retro cinematográficas.
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| Ghost Gunk Orchestras: Foto: Cancho |
Buena actuación y
muy bien recibida entre los que ya poblaban las primeras filas, nutridas
principalmente por una chavala con camisetas que rivalizaban entre la banda titular y los King Gizzard… en contraste con las que acertadamente
portaban los más veteranos: Spaceman 3 o Pink Floyd… y es que Psychedelic Porn
Crumpets ofrecieron una frenética e intensa actuación al margen de edades, pues
los viejos sonidos sonaron más actuales que muchas de las propuestas de hoy; y
sin revivalismos… ni perjuicios, como proyecta su despreocupada imagen: ropa
deportiva, gorra, botas de monte.
Con ese pertrecho y ¡cómo no!
con sus guitarras afiladas en punteos incisos y riffs cortantes como alambre de
espino, montaron un sudoroso fiestón. Lo hicieron desde la inicial “Salsa
Verde” con su guiño al Come Together biteliano una de las canciones de su
último trabajo Pogo Rodeo (What
Reallity 2025) que no tuvo más protagonismo que otros recientes, pues
equilibraron el repertorio entre sus últimos trabajos, el material prepandémico
de sus inicios como “Hymn For Droid” un bipolar sube y baja psíquico que
reflejó muy bien lo que fue la noche… y “Found Got In A Tomato” con el tomate de peluche junto
a la batería o “November” densos y evocadores viajes de de tinte introspectivo a
mitad del concierto.
Necesario como tregua a la batalla instrumental que desde
el escenario se proyectaba hacia un público que no paró de hacer buenos pogos a
base de hombros como tiene que ser (la juventud está en forma y algunos de
mayor edad también) y que legaron al éxtasis en la también nueva “The Real
Contra Band”. Desde el lateral los teloneros viendo la que estaban montando se
echaban las manos a la cabeza igual que los que se situaron en algunos peldaños
más altos en la abarrotada sala.
Lo que suele decirse del final
de los conciertos y su traca final, no tiene sentido en este caso, pues salvo
el tramo el momento comentado, no dejaron de derrochar energía y nervio, con el
dominio instrumental necesario para que no se descontrolara el caos de
guitarras… ni el teclado cuando se hacía
presente. Solo el bis ofreció otro nuevo respiro con la evasiva “Terminus The
Creator” y “Incubator (V2000) su aportación
más “amable”, pero la última, otro clásico “Cornflakes” volvió a
encender los ánimos con su montaña rusa…
para exprimir lo poco que quedaba por traspirar en los cuerpos.



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